novahitsradio Avatar

Hablamos con la artista argentina sobre su sorprendente primer disco, Rápido mamá, en donde se anima a explorar la canción pop con humor e ironía de la mano de Alex Anwandter como productor.

En 2018, aparecía de forma silenciosa en plataformas un EP titulado 23/4 firmado por María Wolff. Con un perfil bajo y sin ningún otro lanzamiento previo, la cantautora y productora argentina presentaba una propuesta audaz: cinco tracks instrumentales (o en un lenguaje reverberante inventado) que fusionaban pulso hip hopero, pianos eléctricos y acordes de jazz. Con este debut, Wolff daba una primera señal de su inquietud artística y su enfoque poco convencional.

Pasaron casi cinco años hasta que tuvimos nuevas noticias suyas. El regreso de María se concretó en 2024, con dos singles: “Rápido mamá” —elegida como una de las mejores canciones argentinas del año en Indie Hoy— y “Mi novia no me banca más“. Estos adelantos revelaron una nueva faceta de la artista, abrazando abiertamente el formato canción pop, con letras que equilibran comicidad y patetismo, y una voz que tomaba el rol principal. En febrero de 2025, llegó finalmente su esperado álbum, Rápido mamá, con colaboraciones de los reconocidos Fernando Samalea, Ramiro Flores y nada más que el chileno Alex Anwandter como productor.

En conversación con Indie Hoy, María repasó sus primeros pasos y esta nueva etapa en su carrera.

Tu primer EP pareció publicarse con una especie de perfil bajo, ¿cómo recordás su recepción?
Sí, fue silencioso. Salió un poco inesperadamente. Yo venía haciendo música para publicidad, estudiando piano, composición y Letras. Y en ese contexto me puse a hacer música propia y alguien me dijo que la suba a plataformas, que estaba buena, pero no venía tocando en una banda ni nada por el estilo. Entonces, hay algo de que salió bastante de la nada. En ese momento estaba escuchando mucho hip-hop old school. Programaba baterías, usaba samples y después, sobre eso, tocaba piano y bajo. Quería que sea algo de pocos elementos y que camine. Me gustaba escucharlo para caminar o para estar en la calle. Y las voces aparecían muy distantes porque todavía no me animaba a cantar. Directamente pensaba que no podía cantar.

Entre ese EP y tu primer LP pasaron algunos años en los que no publicaste música, ¿qué hubo en ese proceso?
Después del videoclip de un tema que salió un año después [“CTRL” de 2019], seguí haciendo más música y cuando Alex Anwandter arma un taller de producción en Chile, le mando tres canciones: dos instrumentales y una de las canciones del disco, “Mi novia no me banca más”. Él me responde y me dice que asista al taller. Me encuentro con él y en seguida me puse a trabajar en más canciones, entre fines de 2019 y principios de 2020, justo antes de la pandemia. Cuando llego a Chile y escuchamos las canciones con Alex, él me propone de trabajar en un disco, pero de canciones cantadas. Y ahí empieza un proceso de composición, en el que intento y de a poco voy logrando cantar y así componer desde el piano y la voz. A la vez, yo trabajaba como asistente de producción de sus discos. En ese momento yo quería seguir sacando canciones sueltas y él me dijo que espere, que mejor haga un disco en vez de estar sacando cosas más lo-fi. Era más contundente si esperaba y salía con un disco, por eso ese silencio en el medio. En la pandemia seguí haciendo algo de música para publicidad a modo de trabajo, pero fue bastante de componer el disco y mandarle demos a Alex por mail y trabajar a distancia porque él vive en Nueva York.

¿Cómo fue el giro de pasar de componer instrumentales a hacer canciones con narraciones en primera persona?
Creo que lo logré, en un punto, a través del humor y de reírme más de mí misma, para así poder cantar, porque me daba una vergüenza tremenda. Con esa canción, “Mi novia no me banca más”, encontré una forma de expresarme sin que me incomodara tanto. Quería hacer algo más pop y centrado en la voz, una idea, una letra, y no tanto en buscar acordes increíbles o el sonido de la batería. Quería salir de lo cool y mostrarme como yo era, más intimista. Creo que para hacer música está bueno contextualizar lo que vas a hacer y encarar esa búsqueda de identidad o autopercepción que es elegir poner la voz al frente, e indagar en esos temas. El foco antes estaba en la batería o la caminata o el groove del hip-hop, y ahora tiene que ver con la canción y para eso tenía que cantar, mostrarme más vulnerable. Con el disco me tiré de lleno a la pileta del pop. Alex me abrió todo un mundo que yo tenía un poco reprimido, el del pop, el rock y la canción, que era algo que me gustaba mucho y le tenía ciertos prejuicios. Yo quería hacer cosas experimentales o música para pelis… estaba en un viaje medio snob, pero al final era por miedo a exponer otras cosas. Creo que gracias a Alex me animé a dar ese salto, porque me encanta hacer canciones. Fue inesperado porque era una faceta en la que no estaba indagando y él propuso profundizar en eso y yo acepté y me la jugué. Es gracioso porque yo le mandé una sola canción con letra y él dijo: “No hay forma de que no te salgan más canciones como esta. Hacé un disco de canciones así”. Y la premisa fue esa.

En ese balance de mostrarte más, ¿cuánto creés que hay de vos exponiéndote y cuánto del armado de un personaje?
Se pisan bastante. Este disco, en mi cabeza, tiene algo muy patético, como una figura de fracasado. El que intenta buscar y seducir, y fracasa. Para mí tiene mucho que ver con la identidad sexual y esa búsqueda, cómo me percibo frente al otro para que me desee. Tiene todos esos actos fallidos de buscar y no encontrar. Tiene que ver con un personaje que un poco se ríe de eso y otro poco lo sufre, por otro lado le genera paranoia… Yo no sé si todo el tiempo me siento así, quizás en mi próximo disco soy un dandy.

¿Cómo describirías el proceso de producción con Alex Anwandter?
Cuando fui al taller pensé que estaba yendo a aprender de producción, que en ese momento para mí estaba más vinculado a hacer que una voz suene bien o a aprender a comprimir un bajo, y terminó siendo una charla sobre las cosas que necesita una canción para que funcione, que esté buena, que la composición sea buena y recién ahí pasar a una instancia de producción. Yo, que no tenía canciones, tuve que ponerme a hacer muchas en esos meses, y quizás componía y la devolución de Alex venía por el lado de partes que le faltaban o de agregarle un estribillo. Mucho después vino la producción, los últimos meses diría. Además, yo no componía con piano y voz, sino que programaba baterías con samples de la LinnDrum o una 707, después grababa algún Wurlitzer, Rhodes o CP80 y después no mucho más que la voz. La composición moldeó a la producción y el trabajo fue básicamente reemplazar todo lo que yo hice con instrumentos reales. Obviamente él le puso su magia, pero la base era tratar de respetar esa simpleza medio ochentosa de bajo, batería, piano, sintes y voz. En ese momento estaba escuchando mucho Virus, estaba leyendo a Néstor Perlongher, viendo videos de Urdapilleta y Tortonese… Estaba muy interesada en el destape de los 80. La idea del yire marica, por ejemplo, se vincula mucho con eso que decía del dandy fracasado. Me copaba ese contexto, de ahí saqué algo de ese humor y esa cosa oscura ochentosa.

¿Cómo te llevás con el vivo?
Muy mal. Todavía no me expuse a tocar en vivo, aunque es algo que me gustaría hacer en algún momento. No es algo que esté planeado. Yo tengo tiempos lentos, así como me costó cantar creo que ahora me va a costar cantar en vivo y lo voy a hacer a pasos de tortuga. Pero en el medio haré más música y estoy bien con eso.

Escuchá Rápido mamá de María Wolff en plataformas (SpotifyTidalApple Music).